LOS ATAQUES AL CENTRO COMERCIAL MUNDIAL Y AL PENTÁGONO. CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y POLÍTICAS

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UN ANÁLISIS SOCIALISTA

Secretariado Internacional del CIT, 14 de septiembre de 2001.

La carnicería resultante en Nueva York Washington tras los ataques suicidas contra en Centro Comercial Mundial y el Pentágono constituye un acontecimiento mundial sin precedentes. La nueva tecnología y la velocidad de la comunicación moderna permitieron que millones de personas de cada continente siguieran los horribles acontecimientos conforme se iban desarrollando. Esto ha resultado en una descarga de emoción, de un hondo sentimiento de preocupación y repulsa por todo el planeta. Este sentimiento es más profundo en los países industrializados, especialmente en EEUU y Europa.

En el mundo neo-colonial, especialmente en Oriente Medio, se manifiestan también expresiones de pesar por los inocentes que han tenido que sufrir, pero acompañadas de un sentimiento de que esto es resultado de los crímenes del imperialismo norteamericano en los países de África, Asia y Latinoamérica. Estos acontecimientos han tenido ya repercusiones colosales para Estados Unidos y para el resto del mundo. Las repercusiones se siguen sintiendo y, por lo tanto, no es posible sacar conclusiones completamente definitivas.

Miles de personas han resultado muertas e incontables mutilados en el día de violencia más sangriento en suelo norteamericano desde la batalla de Antietam en la guerra civil del siglo XIX. Más de 300 bomberos, que heroicamente se precipitaron al interior del Centro Comercial Mundial para rescatar víctimas resultaron muertos. Muchos trabajadores de los servicios de urgencias perecieron. No es posible permanecer indiferentes a las escenas de devastación y muerte, y estos sentimientos se han extendido por todo el mundo.

Los ataques contra el Centro Comercial Mundial y los aviones de pasajeros han revelado una terrible tragedia humana y el heroísmo en todas sus dimensiones. Un superviviente comentaba, por ejemplo, sobre el heroísmo de los bomberos que, mientras él corría frenéticamente escaleras abajo para escapar, subían para rescatar a los que estaban atrapados arriba. Posteriormente perecerían con el derrumbamiento del Centro Comercial Mundial.

Las escenas de gente saltando de las ventanas, donde se vio a una pareja agarrados de la mano en el salto, en un intento desesperado de aferrarse a la vida, se han grabado en la conciencia del mundo. La increíble historia de un hombre que cayó 83 plantas y sobrevivió es otro ejemplo. Se dio también el caso trágico de un bombero corriendo para salvar a gente que habían resultado muertas por alguien que saltó por las ventanas de unas de las torres. Todo esto se acumula al sentir humano básico de horror ante estos acontecimientos.

Estos sentimientos son compartidos por todos los que, como nosotros, de ninguna forma apartan la vista de las terribles condiciones que motivaron los ataques suicidas y que no se alinean con hipócritas histéricos como Bush, Blair y los gobernantes capitalistas del mundo, que tocan los tambores de guerra en preparación de acciones militares contra los supuestos perpetradores de estas acciones.

Los atentados fueron completamente indiscriminados. Irónicamente, incluidos entre muchos de los miles de trabajadores norteamericanos muertos en el Centro del Comercio Mundial se encontraban muchas personas de procedencia étnica y nacional del mundo neo-colonial. Los socialistas condenamos estos atentados. Han revertido en manos de la clase dominante en Norteamérica e internacionalmente y las consecuencias revertirán en las masas del mundo neo-colonial.

Repercusiones

Las repercusiones desde el punto de vista de la 'seguridad', económicas, sociales y políticas van a ser considerables y pueden anticiparse sólo provisionalmente en este periodo. Los efectos inmediatos más serios, por supuesto, se han dado en los EEUU. Pero se trata de un acontecimiento mundial que no va a dejar ninguna parte del mundo intacta. Debido a sus repercusiones. Como muchos comentaristas han reseñado, se trata del mayor ataque jamás infligido sobre los Estados Unidos.

Se han sacado comparaciones con el ataque japonés a Pearl Harbour en 1941. Pero incluso eso palidece ante los ataques suicidas del Centro Comercial Mundial y del Pentágono. Más de dos mil personas resultaron muertas en el ataque a Pearl Harbour y las cifras provisionales de los que han perecido en los edificios del Centro Comercial Mundial son mucho más elevadas. Este es el primer ataque en tierra norteamericana desde la guerra de 1812-14 con Gran Bretaña. Los EEUU nunca habían experimentado este tipo de ataque antes (dejando a un lado el ataque fallido contra el Centro Comercial Mundial de 1993), a pesar de que tuvo que pasar por la Segunda Guerra Mundial, La Geuerra Fría, que incluyó la crisis de los misiles con Cuba y la Guerra del Golfo.

Un puñado de terroristas suicidas armados con cuchillos logró devastar con éxito el centro financiero de los Estados Unidos y, por consiguiente, del mundo El Centro Comercial Mundial, el centro de Manhattan e, indirectamente, Wall Street) y el poder militar del imperialismo norteamericano concentrado en el Pentágono. A la vez, el avión de pasajeros que se estrelló en Pittsburgh, según declaró el portavoz presidencial, posiblemente tenía como objetivo o bien la Casa Blanca, Camp David o incluso el Airforce One, con Bush incluido en su interior a esa hora.

La ciudad de Nueva York, que quedó paralizada durante días tras el atentado, es una de las ciudades más ricas del planeta "superando anualmente a los estados más avanzados del mundo. En 1998, el presupuesto de la ciudad excedió al de alguno de los países más poderosos, incluida Rusia". Nueva York " es más que una ciudad rica de ocho millones de habitantes. Es la capital financiera de la economía más poderosa del mundo. Conforme se todo el país caía en la cuenta de la relevancia de lo que había pasado en Nueva York, las bolsas más pequeñas de América iban cerrando una por una. Pero es la bolsa de Nueva York la que mueve los acontecimientos financieros globales" (página web de Stratfor, 11 de septiembre).

Es la primera vez desde la I Guerra Mundial que los mercados financieros neoyorkinos han permanecido cerrados durante dos días consecutivos. Analizaremos las posibles consecuencias económicas más adelante en este informe.

Incluso antes de que los efectos de esta tragedia pudieran digerirse por completo, ya se han abierto dudas y divisiones dentro de la clase dominante norteamericana y mundial. Se están planteando preguntas como cómo fue posible que el imperialismo norteamericano y sus 'agencias de seguridad', con su batería de equipo de alta tecnología más moderno, con un ejército de 'contraespionaje' no tuvieran indicios de estos acontecimientos. Y esto a pesar de que Osama Bin Laden, principal candidato, según portavoces norteamericanos, a la autoría de estos acontecimientos, advirtiera sólo hace tres meses de que tomaría represalias contra EEUU por los "crímenes contra los pueblos de Oriente Medio y contra el Islam en su conjunto".

Además, otros estados, como Francia, han recibido amenazas recientes y han tomado medidas contra ataques de activistas islámicos. No es de extrañar, por tanto, que en la última edición de Atlantic Monthly, Reuel Marc Gerecht, antiguo agente de alto rango de la CIA, haya escrito con indignación: "La CIA probablemente no tenga un solo oficial que hable árabe verdaderamente cualificado de origen oriental que pueda hacerse pasar por un fundamentalista musulmán creíble que se preste voluntario para pasar años de su vida comiendo porquería y sin mujeres en las montañas de Afganistán. Por amor de Dios, la mayoría de los oficiales viven en barrios periféricos de Virginia. No nos dedicamos a esas cosas." [Cita del Financial Timesdel 11 de septiembre.]

Mal orientados

En otras palabras, las agencias de seguridad norteamericanas estaban mal orientadas, luchando todavía con una versión de la 'guerra fría' en vez de anticipar las repercusiones de su apoyo a Israel y, especialmente, a su política represiva contra los palestinos, y el odio generalizado que se tiene al imperialismo norteamericano por todo Oriente Medio y por el mundo árabe en general.

Estos sucesos también han resquebrajado, de una vez por todas, la supuesta 'invencibilidad' de los EEUU. Ha torpedeado la intención de Bush y de los republicanos de buscar una política exterior 'unilateralista'. El concepto de que EEUU es el centro del mundo, de que poco de importancia pasa fuera de sus fronteras y de que puede permanecer en buena parte intacta por los acontecimientos a escala internacional está bastante enraizado en la psicología del norteamericano. Eso se ha resquebrajado de una vez por todas tras estos sucesos.

Mezclado con el desconcierto y la ira por los atentados y sus perpetradores se da una comprensión creciente y una perplejidad de que EEUU no sea percibido como el 'defensor de la libertad' a nivel internacional, sino que sea odiado por sectores significativos de la población mundial por su papel como opresor, especialmente en el mundo neocolonial. Es la potencia y campeón más destacado del capitalismo global libre.

Estos sucesos marcan un punto de inflexión en la historia mundial, especialmente para EEUU. Con las nieves de antaño se ha ido ahora el concepto de la 'la fortaleza América'. El efecto sobre la conciencia del pueblo norteamericano, especialmente entre la clase trabajadora, se hará sentir a medio y largo plazo. Paradójicamente, va a extenderse la idea de que el destino de la mayoría de la población norteamericana está atado al de los pueblos de África, Asia y Latinoamérica, sin tener en cuenta Europa y Japón. Pero, en primera instancia, un sentimiento patriótico e incluso puede que xenófobo va a desarrollarse alentado por la clase dominante norteamericana.

Una dirección inepta

Sin embargo, el 11 de septiembre quedará grabado para siempre en la conciencia de la población del mundo por los horrores de Nueva York y Washington, pero también por la ineptitud abierta y palpable, acompañada del pánico, de la dirección política de la clase dominante norteamericana. Inolvidable es la imagen de la primera reacción de Bush en televisión cuando se refirió a los terroristas suicidas como "esa gente". El que se escondiera en un refugio subterráneo antiaéreo en Nebraska y cruzara América por aire antes de regresar a Washington no le dio, precisamente, una imagen muy heroica. Lo mismo podría decirse de los congresistas y senadores que se apresuraron a abandonar Washington antes de regresar al día siguiente para cantar el himno nacional y canciones patrióticas.

Los trabajadores norteamericanos no van a dejar de establecer comparaciones entre la forma de actuar de sus gobernantes y el heroísmo de los bomberos, policía y otros. Incluso Boris Yeltsin en la época de la intentona golpista en Rusia en 1991, mirando retrospectivamente, parece haber salido mejor parado ente los comentaristas que Bush hoy por hoy: "Nunca han sonado las perogrulladas de un político tan ridículamente vacuas. Este es un país inmenso; no puede asegurar que su sensible tierra fronteriza impida el paso de inmigrantes ilegales ni sus costas los barcos cargados de droga ilegal.

En el mundo moderno, contra una oposición despiadada, invisible y decidida, la protección constituye un ideal imposible. Y, hasta ahora, jamás ha parecido que fuera remotamente necesaria. Un portavoz que viajaba con el presidente puede haber descubierto el pastel cuando se refirió a las dos prioridades del día: primero, la seguridad del presidente; segunda, traerle de vuelta a Washington para que tranquilizara al pueblo americano. Esta información fue concedida vía CNN desde una base militar en Louisiana, a gran distancia de Washington. Desde allí, el presidente fue llevado a Nebraska, que no está mucho más cerca. También se dieron informes de que dirigentes del congreso habían sido llevados a un lugar secreto. Conforme se emiten imágenes de una dirección valerosa, ninguna se asemeja a la de estar subido a un tanque en las calles de Moscú o incluso quedarse en el palacio de Buckinham durante el bombardeo aéreo". (Matthew Engel, The Guardian, Londres 12 de septiembre)

Los atentados también manifiestan gráficamente la futilidad del proyecto de 'guerra de las galaxias' de Bush, que costaría más de 100 billones de dólares. Esta 'defensa' habría demostrado ser no sólo completamente ineficaz contra los atacantes suicidas sino que lo habría sido incluso más ante la eventualidad de las circunstancias más catastróficas con el uso de armas nucleares en un maletín o de una guerra biológica llevada a cabo por algunos individuos, como ya pasó en Japón con la secta Aum. Y no debemos hacernos ilusiones con que algo así no pueda pasar, con la proliferación colosal de armas a la venta por todo el mundo tras el colapso del estalinismo en el Este de Europa y en la antigua Unión Soviética. Aquí se incluyen material y armas nucleares. La clase dominante norteamericana y sus aliados, no obstante, están destinados, según parece, a sacar exactamente las conclusiones contrarias.. Por ejemplo, The International Herald Tribune comentaba: "Ya no era razonable burlarse de las preocupaciones norteamericanas sobre posibles ataques con misiles procedentes de "estados aislados" como Irán y Corea del Norte. Y no más sensato era decir que la gran preocupación de Estados Unidos con el terrorismo enmascaraba esencialmente su análisis fallido de los matices del mundo islámico." [John Vinocur, 13 de septiembre].

Incluso más siniestras son las conclusiones de este autor cuando comenta: "No sería posible intentar influenciar a los Estados Unidos con sus miles de muertos de guerra sin aceptar la premisa de que existe un choque abierto de civilizaciones". Los periódicos 'populares' (prensa amarilla) expresan los mismos sentimientos solo que más crudamente. Se trata de una batalla, afirman, entre lo 'civilizado' e 'incivilizado', entre el 'bien' y el 'mal'. Vinocur sigue diciendo: "Se esperaba que estos ataques diluyeran la oposición en el congreso norteamericano a la idea del escudo anti-misiles y, con ella, a mucha de la resistencia a ella de los aliados de la OTAN."

Incluso peor es su conclusión: "De manera menos específica pero no obstante real, los ataques parecía hacer posible eliminar mucha de la histeria de los debates sobre la globalización de los mercados y del comercio financieros mundiales... [Los ataques contra el Centro del Comercio Mundial] han puesto en evidencia la absurdidad de la violencia gratuita contra la globalización y han fortalecido las manos de las autoridades que se ocupaban de ella."

La parte más significativa de su declaración es la siguiente: "Demonizar a los Estados Unidos y a las organizaciones del comercio mundial en un contexto violento de repente tenía el contorno de una posible empresa asesina." Este es un pequeño indicio de cómo la burguesía mundial, empezando por la de EEUU, pretenderá utilizar estos acontecimientos para vilipendiar con fuerza al movimiento anti-capitalista, a los manifestantes contra la globalización y, a la vez, reforzar el aparato represivo del estado. Tras el atentado de Oklahoma, se hizo uso de medidas para reforzar la 'seguridad'. Pero no va a ser sólo en los Estados Unidos, o en el viaje aéreo, bien a nivel interno dentro de EEUU o a nivel internacional, donde los estados capitalistas pretenderán fortalecer su papel. Se harán intentos en serio de socavar las libertades personales e individuales, sobre el derecho a viajar libremente, etc. Por ejemplo, en Alemania, la Unión Social Cristiana en la oposición ya ha sugerido que el ejército alemán debería desplegarse con un papel de seguridad interno, algo prohibido hasta la fecha. La Guardia Nacional y el ejército han sido desplegados en Nueva York y en Washington con su parafernalia de tanques, coches blindados, etc.

La inutilidad del terrorismo

Esto enfatiza el argumento que el marxismo siempre ha expuesto contra los métodos terroristas llevados a cabo por grupos de conspiración que, independientemente de las causas subyacentes (opresión, discriminación, pobreza, etc.) siempre tiene efectos reaccionarios y opuestos a los que sus perpetradores anticipan. En el pasado, los marxistas, que se basan en las acciones de masas, tuvieron que oponerse al "terrorismo individual" usualmente llevado acabo por individuos o grupos pequeños para asesinar a representantes individuales de la clase dominante que, simplemente, van a ser sustituidos por nuevos dirigentes. Los atentados en EEUU, no obstante, constituyen una forma de terrorismo de masas perpetrado por un grupo conspirativo que, no sólo ha golpeado los símbolos de la riqueza y poder norteamericanos sino también se ha cobrado indiscriminadamente las vidas de miles trabajadores.

La denuncia como 'terroristas' en las bocas de Tony Blair, Bush, Ariel Sharon, Vladimir Putin y el resto de ellos es pura hipocresía. Son los autores principales del terror de masas, generalmente contra pueblos, en su mayor parte, indefensos. Blair defendió a diario el terror de masas desplegado contra el pueblo serbio durante la guerra de Kosovo. El padre de Bush y su general en jefe por entonces, Norman Schwarzkopf, perpetró el terror de masas contra el ejército iraquí derrotado e indefenso durante la guerra del Golfo. Las incontables víctimas civiles de Irak, que hay que recordar eclipsan el número de muertos en Nueva York y en el Pentágono, fueron sencillamente desestimados por Schwarzkopf como un 'daño colateral'. El experto veterano en Oriente Medio, Robert Fisk, comentó en el diario británico The Independent: "Pregúntenle a un árabe cómo responde a los 20 ó 30 mil muertes de inocentes y él o ella responderá como lo haría la gente decente, que se trata de un crimen incalificable. Pero preguntarán por qué no usamos esas palabras para describir las sanciones que han destruido las vidas de quizás medio millón de niños en Irak [un periodista palestino ha planteado en The Guardian la cifra de un millón de niños que han muerto debido a los efectos del uranio empobrecido y del hambre], por qué no nos indignamos por los 17.500 civiles muertos en la invasión del Líbano en 1982. Y esas razones básicas por las que Oriente Medio estalló el pasado septiembre - la ocupación de tierra árabe por Israel, la expropiación de los palestinos, los bombardeos y ejecuciones respaldadas... todo esto debe quedar en la oscuridad para que no ofrezca el más mínimo motivo para la carnicería de masas que se produjo ayer." [12 de septiembre]

Dirigentes del G-7 se sentaron en Génova para llegar a acuerdos con Putin, primer ministro ruso durante el asalto final ruso sobre Grozny, en Chechenia, en 1999, que tuvo como resultado la matanza de miles de personas.

Nos oponemos al 'terrorismo', pero usamos este término en sentido diferente al estilo peyorativo en la que lo usa la burguesía. Para Blair, Sharon y Bush no se les aplica a ellos cuando utilizan métodos terroristas de masas. Sin embargo, argumentan que es legítimo usar este término cuando un pueblo sometido toma las armas para defenderse contra un régimen opresivo. Mediante este razonamiento, las masas surafricanas no tenían derecho a resistir contra el régimen del apartheid armados hasta los dientes. Se pretende que las masas palestinas no protesten y acepten dócilmente las indescriptibles condiciones sociales, la denegación de derechos nacionales y democráticos legítimos, la tortura, los bombardeos y asesinatos diarios, incluidos los lo mujeres y niños.

Los socialistas y los marxistas no tienen nada en común con esta hipocresía en nuestros argumentos contra los que utilizan los métodos del terrorismo. Estos métodos no pueden ser eficaces para debilitar seriamente al capitalismo o al imperialismo, ni va a llevar a su derrocamiento ni a un cambio en la sociedad. Por el contrario, la experiencia del movimiento obrero y de las luchas de los pueblos en el mundo neocolonial demuestran la ineficacia e inutilidad de esos métodos. Incluso la historia misma de la lucha del pueblo palestino enfatiza este argumento: no fueron los guerrilleros palestinos desde fuera, sino el levantamiento de masas del pueblo palestino en la Intifada lo que obligó a la clase dominante israelí a retroceder y a hacer 'concesiones'.

De forma similar, independientemente de las motivaciones de los terroristas suicidas, el resultado neto, como ya es evidente en los días posteriores a estos acontecimientos, ha sido crear las condiciones para permitir que las clases dominantes del mundo comiencen a endurecer y justificar medidas represivas destinadas a protestar contra la desigualdad e injusticia del sistema capitalista. Eso queda evidenciado en las declaraciones expuestas arriba del International Herald Tribune.

El Wall Street Journal, nunca sobrio al tratar temas particulares sociales o políticos, chillaba el día después del atentado: "Para tratar esta amenaza, los gobiernos tendrán que reevaluar cómo ocuparse de los grupos que utilizan la violencia para lograr fines políticos y abandonar políticas de contemporización. Todos los países y grupos tendrán que declarar dónde cuál es su posición en el uso de la violencia y ser tratados en consecuencia, duramente si escogen la opción equivocada." [12 de septiembre]

En este gruñido está contenida la amenaza implícita de que si los grupos y partidos políticos no son abiertamente pacifistas y son aceptables para los capitalistas, se impondrán restricciones y prohibiciones. Los socialistas y los marxistas siempre hemos contrapuesto a los métodos de los 'terroristas' la idea de un movimiento de masas y de una acción de masas de la clase trabajadora. Paradójicamente, al calor de estos acontecimientos, y por sus propias razones de clase, el Financial Times británico del 13 de septiembre ha reconocido la fuerza de nuestro argumento. Inmerso en una editorial que trata de las posibles secuelas económicas, comenta sobre los efectos políticos del atentado: "Un sistema capitalista descentralizado es extraordinariamente resistente al daño físico. Campañas de bombardeos constantes, como los que se dieron contra Alemania en la II Guerra Mundial raramente hacen que una economía se doblegue. La desobediencia civil, como los bloqueos en Europa del año pasado contra la subida de impuestos a los carburantes, puede detener una economía moderna mucho más rápidamente. Pero eso exige la participación abierta de muchos, y no los ataques secretos de unos pocos".

Sin embargo, es poco probable que la burguesía en su conjunto atienda su propio llamamiento a una valoración sobria de lo que se necesita hacer y 'contención' en los métodos a emplear. El clamor de que EEUU está 'en guerra' es el tema de, prácticamente, cada periódico del capitalismo, de los medios de comunicación, y es coreado en Europa y en todo el mundo capitalista.

Psicología de guerra

La OTAN ya llegado incluso a declarar que so es sólo EEUU, sino todos sus miembros los que están 'en guerra'. Esta terminología no es en absoluto accidental, sino que expresa la furia de la clase dominante norteamericana y de sus aliados y su determinación en buscar represalias no sólo contra los supuestos 'terroristas', sino contra los 'estados aislados' que los apoyan. El imperialismo norteamericano es una bestia herida dispuesta a golpear en todas las direcciones.

Obviamente se está preparando para lanzar una intervención militar significativa que, probablemente, implique el uso de miles de soldados contra el 'enemigo'. El problema radica precisamente en identificar quién es el 'enemigo'. Roosvelt, en la época de Pearl Harbor, pudo denunciar "este día de infamia" y movilizar los colosales recursos económicos del imperialismo norteamericano contra un enemigo identificable, el imperialismo japonés. No obstante, en este caso no es inmediatamente obvio quién es responsable y quiénes serán los 'objetivos'. Pero esto será irrelevante para el imperialismo norteamericano y sus aliados. Bin Laden ha sido identificado y criminalizado como principal culpable, aunque las pruebas hasta la fecha apuntan que se trató probablemente de un consorcio de organizaciones y grupos islámicos que han permanecido en EEUU durante un periodo considerable de tiempo los que fueron responsables. Además, Bin Ladem es una criatura de la intervención imperialista norteamericana, especialmente mediante mediación de la CIA (que le financió), en la guerra por poderes que organizaron utilizando a los mujahedins contra la presencia soviética en Afganistán. Los pecados del imperialismo norteamericano en el pasado están recayendo sobre las cabezas de hombres, mujeres y niños norteamericanos inocentes hoy.

También deberíamos recordar que Osama Bin Laden y al-Qaida de ninguna manera constituyen fuerzas progresivas y se encuentran incluso a la derecha del régimen teocrático de Arabia Saudí.

A la vez, se están alzando voces que cuestionan una acción militar rápida y precipitada. Hay quien pide encarecidamente un estudio de las condiciones sociales y políticas que han propiciado específicamente el terrorismo individual de Oriente Medio. Como reseña George Will en el International Herald Tribune: "El terrorismo es la táctica de los débiles". [13 de septiembre]

No obstante, estas voces están siendo desplazadas por los gritos estridentes de la mayoría de los comentaristas burgueses en EEUU que, en desagravio por las muertes, exigen medidas y sangre, si fuera necesario, y castigo para los perpetradores. El pueblo norteamericano se encontró, en primera instancia, traumatizado por estos acontecimientos pero, tras esto, vendrá la indignación. Ya las voces que piden represalias figuran prominentemente en los medios de comunicación.

Histeria de guerra

Una política consciente de producir una histeria de guerra parece ser el principio rector de la burguesía en Norteamérica, hasta ahora desapercibida por su sofisticación de luchar con complejos problemas mundiales. Esto se agrava en una administración Bush que se distingue por la tosquedad de su enfoque en los planos nacionales e internacionales. Un neoyorkino declaraba el día de los atentados: "Me siento como si volviera a ir a la guerra. Sin piedad. Tenemos que agruparnos como en 1941 e ir tras ellos". [The Guardian,12 de septiembre]

En vez de rebatir estos sentimientos, a lo sumo, los 'sobrios' portavoces del capitalismo norteamericano parecen, por el contrario, estar acopiando este sentir. Por ejemplo, el Washington Post, en una editorial del 13 de septiembre, declaraba: "La nación debe prepararse para luchar su primera guerra del nuevo siglo, una que debe continuar hasta que las fuentes de apoyo de los terroristas hayan sido eliminadas y las defensas una guerra no convencional de este tipo se fortalezcan decisivamente":

Sobre el ya considerado 'enemigo', afirma: "Aunque no tenga una única dirección fija, probablemente cuenta con el apoyo o complicidad de uno o más gobiernos extranjeros". Y sigue afirmando: "Un estado de guerra también significa un compromiso nacional, nutrido por el bi-partisanismo, la cooperación en Washington, para atacar y derrotar a los enemigos de América. Esto implica más que meramente seguirle la pista y arrestar a individuos sospechosos, como se ha hecho antes... En el pasado, Estados Unidos ha rehuido de confrontar directamente regímenes vinculados a ataques terroristas contra los americanos, como Irán en el caso del atentado contra las torres Khobar en Arabia Saudí en 1996 o en Afganistán en el atentado contra las embajadas norteamericanas en Kenia Y Tanzania por la red de Osama Bin Laden en 1998. Ya no puede permitirse actuar así. Por el contrario, Debe buscar conformar una alianza internacional que identifique y elimine toda fuente de apoyo a las redes terroristas que hagan la guerra contra los Estados Unidos. Si fuese necesario, debe actuar solo".

Kissinger, con la sangre en sus manos de miles de trabajadores chilenos por el golpe de estado que inspiró y ayudó a organizar contra el gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende en septiembre de 1973, irónicamente se ha subido ahora al carro para denunciar el 'terrorismo'. Ha pedido que las fuerzas norteamericanas y sus aliados se preparen para una invasión de los estados ofensores: "Cualquier gobierno que cobije a grupos capaces de perpetrar este tipo de ataques, tanto si puede demostrarse que ha estado implicado en el ataque como si no, debe pagar un precio desorbitado".[International Herald Tribune, 13 de septiembre]

De hecho, el imperialismo norteamericano ya ha reunido, mediante los auspicios de Blair y de 'Lord' Robertson de Gran Bretaña, a una coalición de la OTAN similar a la que se reunió en la época de la intervención y bombardeo de Serbia durante la guerra de Kosovo como preparativo para la acción. Hora el imperialismo norteamericano intentar ir más lejos. Tan sólo unos días después de los atentados intentaban reunir a una 'coalición' aún más amplia parecida a la que se estableció durante la guerra del Golfo.

Indignación árabe

Sin embargo, una acción militar de un tipo u otro contra los palestinos, por ejemplo, va a socavar esos esfuerzos. La opinión pública árabe ya está en un punto de ebullición debido a la represión militar de la clase dominante israelí, con la conformidad de la administración Bush, contra las masas palestinas. Sin embargo, estos intentos no presagian nada bueno e indican el camino futuro elegido por el imperialismo norteamericano en el plano internacional. León Trotsky reseñó que cuando las tensiones nacionales alcanzan un nivel explosivo, el imperialismo busca una escapatoria en el plano internacional que, en forma de una potencia militar más fuerte en el planeta, podría adoptar un papel crecientemente intervencionista, que incluya organizaciones de tipo militar/policial contra 'regímenes enemigos'.

Un ingrediente añadido radica en la debilidad de la administración Bush, manifiesta durante esta crisis. La administración probablemente intentará superarla dando ahora la sensación de 'fortaleza' en el plano internacional sin importarle las consecuencias en costes de vidas humanas ni el número de víctimas humanas.

Las consecuencias de los atentados serán reforzar algo que los que lo perpetraron pretendían socavar: la hegemonía del imperialismo norteamericano.Esto pone de manifiesto los efectos funestos del terrorismo individual. Desde el colapso del estalinismo, los Estados Unidos han sido la única super potencia pero con serios límites a su poder. A nivel económico no cabe duda que es el coloso que dirige el planeta. Sin embargo, debido a la correlación de fuerzas mundial, el poder abrumador del imperialismo norteamericano sigue teniendo serias limitaciones. Por no hablar de factores como la cautela ejercida por el capitalismo francés manifiesta en su desconfianza hacia los toscos puntos de vista de los representantes políticos norteamericanos y su negativa a ofrecer apoyo no cualificado a las medidas militares del imperialismo norteamericano a escala mundial. Pero, días después de estos acontecimientos, representantes del capitalismo francés, que tradicionalmente siempre ha pretendido guardar las distancias con el imperialismo norteamericano, cambiaron de táctica. A través del periódico Le Monde, haciéndose eco de la declaración de Kennedy ante el Muro de Berlín en 1963, proclamó en un gran titular: "Todos somos americanos" [12 de septiembre]. Gerald Schröder, el canciller alemán, que criticó al imperialismo norteamericano durante la Guerra del Golfo, está en la misma línea. Blair no ha tenido necesidad de cambiar su posicionamiento ya que, tradicionalmente, actúa, como todos los representantes del imperialismo británico desde 1945, como perro faldero del capitalismo norteamericano. Incluso el capitalismo ruso, en forma de Putin, se ha situado sólidamente respaldando al imperialismo norteamericano en este tema. Incluso si la 'coalición' no se mantiene a medio y largo plazo, no obstante ha fortalecido enormemente la mano del imperialismo norteamericano para utilizar cualquier medida considere necesaria para contraatacar.

La intervención militar

Qué tipo de medidas vayan a emplearse siguen sin estar claras para Bush y para la clase dominante norteamericana. Pero como mínimo, se realizará algún tipo de intervención militar, con el empleo no sólo de bombardeos aéreos sino con el uso de tropas de tierra contra las 'bases' de Bin Laden en Afganistán. El gobierno afgano, anticipándose a esa intervención, ha restringido el acceso de Bin Laden a los medios de comunicación externos. Sin embargo, esto no va a impedir una intervención militar bajo algún pretexto contra las supuestas bases terroristas e incluso medidas militares destinadas a debilitar o herir al gobierno talibán afgano. Esto tendría repercusiones no sólo en Afganistán, sino también en Paquistán, con la subida del fundamentalismo islámico que el gobierno de Musharraf se ve impotente para combatir. El régimen paquistaní posee armas nucleares, como la India, y ha sido una preocupación duradera del imperialismo norteamericano que el conflicto en este escenario pueda salir fuera de control y resultar en un conflicto nuclear limitado. Ahora, sin embargo, las propias acciones del imperialismo norteamericano, si sigue adelante y se dan a escala más amplia, podrían llevar a una situación donde los acontecimientos salgan fuera de control hacia un escenario de pesadilla. Esto parece exagerado pero nos movemos hacia una situación completamente diferente en la que estos atentados en Norteamérica han apuntado cómo van a desarrollarse los acontecimientos mundiales.

Conciencia política

Los efectos retrospectivos del terrorismo individual también se han manifestado claramente en la reacción de los dirigentes obreros y sindicales, especialmente en Europa Occidental. Por ejemplo, en Gran Bretaña, Blair se enfrentaba a una rebelión de sindicatos en el congreso del TUC de septiembre sobre las privatizaciones. Un amplio sondeo previo reveló que tendría que enfrentarse a la audiencia más hostil desde que llegó al poder hace cuatro años. Sin embargo, justo antes de que le tocara hablar se dieron los atentados en Norteamérica y canceló rápidamente su discurso. No hubo debate, por tanto, en el congreso del TUC sobre las privatizaciones.

Así pues, este tema clave para la clase obrera y el movimiento obrero británicos no se debatió apropiadamente en el congreso del TUC. Además, la conferencia concluyó apresuradamente por primera vez desde 1939 (cuando se declaró la II Guerra Mundial), para contribuir al 'clima de guerra' que la clase dominante británica, junto a la mundial, quiere crear. Uno de los subproductos de esta actitud de 'que ya no existen las diferencias de clase' o de 'todas las clases juntas' se verá en la intención de los capitalistas de llevar a cabo, con la mínima oposición, ataques fundamentales contra los niveles de vida y contra los derechos de la clase obrera. La administración Bush tiene presiones para cortar inmediatamente el impuesto a los 'beneficios del capital'.

Los dirigentes sindicales y socialdemócratas austriacos han actuado de forma similar a la de sus homólogos británicos. Tradicionalmente reacios a ratificar huelgas y protestas legítimas de trabajadores contra el gobierno o la patronal, (aunque, no obstante, se han visto obligados a cambiar ligeramente esta política recientemente) se han apresurado a organizar un minuto de silencio en fábricas y centros de trabajo en una manifestación de 'unidad nacional' con los patronos y el gobierno en protesta contra los sucesos de Estados Unidos.

Tras ellos fueron los dirigentes sindicales alemanes junto con los patronos que organizaron actos de cinco minutos de silencio en todas las fábricas y centros de trabajo y una concentración de 'la nación' (patronos, sindicatos y partidos políticos) en la Puerta de Brandenburgo de Berlín.

En Alemania, la consigna utilizada para esta concentración fue: "Ningún poder al terror. Solidaridad con EEUU": Es interesante que burguesía y dirigentes socialdemócratas tengan que tomar prestado parte del lenguaje de la clase obrera -"solidaridad"- para justificar esta expresión de unidad con los patronos y su sistema que, por supuesto, es responsable de generar las condiciones que han propiciado la subida del terrorismo en Oriente Medio y en otras partes.

El único motivo por el que el sindicato británico TUC no ha convocado una concentración parecida esté, probablemente, el temor a sentar un precedente, unido a su escasa influencia, en general, en la sociedad y entre sus afiliados. Si se convocara una manifestación, sin duda, en el futuro, se invocaría como ejemplo de lo que podría hacerse en temas sociales candentes como el de la privatización.

Estos acontecimientos, no obstante, ya indican el enorme impacto que los sucesos en EEUU han tenido en la conciencia de amplios sectores de la población, incluida la clase obrera. Y esto incluso antes de que las repercusiones plenas de los acontecimientos en EEUU se hayan dejado sentir en toda su extensión. Austria y Alemania indican que en la reacción de las masas de la población, incluida la clase obrera, al menos en los países industrializados, hay implícito un elemento de "toda la gente unida", de unidad nacional. Esto es algo que se percibe al comienzo de toda guerra. Trotsky reseñó esto específicamente al comienzo de la I Guerra Mundial en las manifestaciones patrióticas de masas en Austria.

Por supuesto, las cosas no han llegado tan lejos en Europa aún. Y resulta problemático cuánto vaya a durar este ambiente. En EEUU, mezclado con el trauma y duelo patente allí, podría emerger un sentimiento de patriotismo, xenofobia y, desgraciadamente, como ya se ha visto indicado, de ataques contra gente de origen étnico árabe.

La atmósfera de odio e intimidación que será fomentada contra los siete millones de musulmanes en EEUU y en otros países está tipificada por las noticias procedentes de Chicago. Muchos taxistas proceden de países musulmanes y una flota ordenó a los taxistas a regresar a casa el martes tras la proliferación de insultos de los pasajeros. Además, muchos otros musulmanes y mezquitas permanecen en estado de alerta. Incluso en Europa, por ejemplo, en Londres, se han dado ejemplos de insultos dirigidos contra asiáticos. Sigue siendo una tarea importante que 'Alternativa Socialista' en EEUU (los militantes del CIR en Norteamérica) defiendan, donde sea posible, verbalmente y en la práctica a esta minoría que podría ser sometida a caza de brujas y persecuciones en los próximos días, semanas y meses.

A la vez, debemos tener claro que no va a darse una reacción uniforme ante estos acontecimientos ni en Norteamérica ni internacionalmente. Un sector más reflexivo sopesará las causas que han provocado estos sucesos, la complicidad de la clase dominante norteamericana en crear las condiciones que han generado la desesperación que lleva al terrorismo. Sin duda van a relacionar esto con las desigualdades existentes en Norteamérica y con las injusticias manifiestas que Norteamérica, sus aliados y el capitalismo mundial siguen perpetuando.

Es posible que el movimiento anti-globalización se vea temporalmente afectado; alguna gente que haya participado en el movimiento o se haya unido a las manifestaciones puede verse desanimada y retirarse: Pero la situación objetiva que originó estos movimientos no va a desaparecer; por el contrario, empeorará con la posición general del capitalismo debilitada: Si el CIT y sus secciones intervienen de forma equilibrada pero clara con nuestra política de explicación y de demandas oportunas ajustadas a la situación de cada país, podemos finalmente ganar nuevas fuerzas para nuestros partidos y nuestra Internacional.

La situación general, al menos a corto plazo, no será ahora tan favorable como habíamos anticipado, especialmente en EEUU. Sin embargo, a medio y corto plazo la debilidad fundamental del capitalismo norteamericano y mundial se verá agravada por estos acontecimientos. Por ejemplo, si como se espera el imperialismo norteamericano explota de forma intervencionista militar, con las miles de víctimas que resultará de esto, a su vez tendrá un efecto poderoso en la conciencia del ya internacional movimiento anti-globalización.. La cuestión de guerra y paz será primordial con la posibilidad de que poderosos movimientos pacifistas se fusionen al movimiento anti-multinacional y anti-capitalista global. Debería recordarse que, dejando a un lado el poderío militar del imperialismo norteamericano, a la vez que puede llevar a cabo algún tipo de operación militar/policial que incluya invasiones y ocupaciones temporales de países o de parte de países, no puede, como Napoleón descubrió, sentarse sobre las bayonetas para mantener a naciones enteras subyugadas.

Vietnam

Las lecciones de Vietnam están escritas con la sangre de 55.000 víctimas norteamericanas y de millones de vietnamitas. Esto demostró que la potencia militar más poderosa del planeta, con todas las armas de destrucción modernas más mortíferas en sus manos, no pudo someter y derrotar a 17 millones de campesinos harapientos. En la era moderna de la globalización tales métodos resultan absolutamente inadecuados e imposibles de emplear durante un periodo largo de tiempo.

Sin embargo, esto no excluye, como hemos explicado, un arrebato explosivo del imperialismo norteamericano con el apoyo de sus aliados. Podría tomar la forma de una lucha abierta u oculta entre el 'norte y el sur', es decir, entre los países industrializados y el mundo neo-colonial de una forma u otra. Sin dejar a un lado las secuelas de este 'terremoto' norteamericano está la ofensiva ideológica que la burguesía lanzará ahora para realzar y fortalecer su sistema a nivel mundial. No obstante, existen límites para esto. Esto no está pasando en el trasfondo del colapso del estalinismo en 1990-91. Sin embargo, se da un elemento de aquella situación en el presente. Entonces, los efectos políticos de la recesión de 1990-92 pudieron mitigarse parcialmente por la Guerra del Golfo. Hoy por hoy no tenemos una guerra similar a ésta. Pero la burguesía espera poder usar este incidente y las operaciones militares subsiguientes para desviar la atención de sus continuos problemas económicos, que incluyen la posibilidad de una recesión profunda.

Consecuencias económicas

Antes de estos acontecimientos, el capitalismo norteamericano y mundial se encontraba al borde de una recesión profunda e incluso de una depresión. ¿Es que los atentados han cortado la perspectiva planteada previamente? Tras sólo unos días desde que ocurrió el atentado, tenemos que ser condicionales en esto. Sin embargo, acontecimientos geo-políticos repentinos de esta magnitud han desencadenado históricamente recesiones profundas o depresiones. Es difícil cuantificar con exactitud la trascendencia económica inmediata, pero seguramente será masiva. Hay que tener en cuenta las pérdidas sufridas por los mercados financieros por los cierres de Wall Street y otros. También el coste enorme de la cancelación de todos los vuelos civiles en EEUU y entre EEUU y el resto del mundo. Hay una media de 55.000 vuelos diarios en EEUU. La pérdida diaria en la industria alcanza ciento de millones de dólares. El turismo y el transporte marítimo se verán afectados. Las repercusiones en Europa del viaje en avión y del turismo serán considerables. Más de dos millones de pasajeros viajan por el espacio aéreo norteamericano diariamente pero, incluso con la reanudación de los vuelos, las pérdidas van a ser severas. Los costes para la industria aseguradora en los Estados Unidos y en otras partes son enormes. Muchas compañías de seguros tendrán que cerrar. Como siempre, serán las clases obrera y media las que, en última instancia, pagarán mediante una subida de las primas de seguros.

Los costos de las aseguradoras

El coste del seguro del Centro del Comercio Mundial se estima en 5 billones de dólares. Ahora parecer ser que el propietario del edificio cometió un error muy caro ya que el seguro sólo cubría la pérdida de una de las torres porque era 'inconcebible' que ambas pudieran ser destruidas. Estas torres se construyeron para resistir terremotos, entre otras catástrofes, pero no el tipo de atentado terrorista visto el 11 de septiembre. También parece ser que los propietarios aseguraron a la baja incluso para una eventualidad así, por sólo 1.5 billones de dólares en vez de los 5 billones que era el valor de las torres.

Incluso antes de estos acontecimientos, EEUU sólo se libraba de caer en una verdadera recesión por la continuación de la 'confianza del consumidor', es decir, que la población norteamericana seguía gastando mediante préstamos masivos y crecientes deudas hipotecarias. Ahora, el Financial Times comenta: "La producción de varios días ya se ha perdido y es poco posible que una nación en duelo y todavía temerosa regrese a los centros comerciales y a los salones de ventas de coches. La industria de servicios financieros de Nueva York, que sólo ella genera el 2.7% del producto interior bruto norteamericano, va a verse seriamente perturbado" [13 de septiembre]

El gasto del consumidor contabilizaba dos tercios de la actividad económica norteamericana y ha estado creciendo a un índice anual del 2.5% Tras esta catástrofe es muy poco probable que esto siga sosteniéndose. A la vez, el aumento de la tensión internacional, el temor a una nueva oleada terrorista, actuarán debilitando los hábitos de consumo norteamericanos.

Por otro lado, la burguesía norteamericana y mundial se ha visto seriamente sacudida por estos acontecimientos y, temerosa de que a esto se una la recesión más profunda desde 1945, están inyectando liquidez al sistema. El Financial Times comentaba: "Una recesión profunda global, con todas sus terribles consecuencias para la gente de las economías emergentes, es precisamente el tipo de daño que los terroristas desearían infligir. Normalmente, un impacto así sería imposible. La indignación de hoy, por muy costosa que sea en términos de vidas humanas, resulta económicamente trivial pero, en una coyuntura tan delicada, la confianza puede verse desproporcionadamente dañada".

Así pues, los banqueros centrales de EEUU, Europa y Japón han inyectado inmediatamente un total de 120 billones de dólares al sistema financiero. La Reserva Federal Norteamericana añadió 38.25 billones de dólares al sistema bancario norteamericano, unas diez veces la media diaria. El Banco de Japón y el Banco Central Europeo inyectaron 80 billones de dólares. Esto pudo tener algún efecto, quizás, en mitigar o sostener, durante un tiempo, el impacto pleno de una auténtica recesión. Si se combina con más recortes de los tipos de interés, entonces esta tendencia podría verse reforzada. Pero este resultado no está asegurado de ninguna manera.

Por otro lado, existen temores inespecíficos de compañías anónimas, descritas en la prensa financiera y económica, que podrían estar a punto de experimentar, ante el trastorno financiero masivo, otra catástrofe de Gestión de Capital a largo plazo que podría conducir a una ralentización financiera mundial. Otro de los temores de la reserva Federal es un colapso precipitado del dólar.

Otro factor es la cuestión del petróleo. Tras los atentados, el precio del petróleo subió unos 4 dólares el barril y se estabilizó a aproximadamente 28 dólares el barril. Si un conflicto importante estalla en Oriente Medio, inevitablemente empujará al alza el precio del petróleo y tendrá un impacto dramático en la economía mundial. Algunos comentaristas han sugerido que esto será compensado durante una recesión económica debido a la caída en la demanda de petróleo y en el viaje aéreo tras los atentados. Sin embargo, a pesar de esto, un conflicto militar importante en Oriente Medio contrarrestaría esta tendencia y dispararía al alza los precios del petróleo. El precio del petróleo ya se ha triplicado de 10 a 30 dólares el barril entre 1990 y 2000.

Un indicativo del impacto de estos atentados en la economía mundial puede verse en Europa. Según el Financial Times: "Un antiguo ministro del interior francés pidió ayer a Laurent Fabius, ministro de finanzas, la suspensión de la introducción de billetes de euros para contrarrestar el riesgo económico causado por los atentados terroristas en Norteamérica". [13 de septiembre]

Todo esto es imponderable en este momento hasta que se aclare la situación tras estos procesos. Pero los socialistas debemos estar preparados para una serie de eventualidades. Parece, no obstante, cierto que las industrias de 'guerra' y de supuesta 'defensa' ganarán con el inevitable armamento y rearmamento del imperialismo norteamericano, al igual que la industria de 'seguridad' con el crecimiento de ese tipo de medidas.

Sin embargo, la situación económica subyacente no ha cambiado sino que, en todo caso, ha empeorado debido a estos acontecimientos y, a pesar de la inyección de liquidez, es muy probable que continúe la tendencia hacia la recesión o el estancamiento. Sin embargo, incluso si las acciones de la Reserva Federal y de los bancos centrales europeos y japoneses logran 'allanar' temporalmente el ciclo económico y evitar una recesión inmediata, esto se hará sólo a costa de almacenar mayores problemas para el futuro

La principal cuerda de salvamento política para Estados Unidos y para el capitalismo mundial estará en las repercusiones de estos acontecimientos a nivel internacional, en particular la posibilidad de una guerra pequeña o una serie de conflictos militares que, durante un tiempo, pudieran distraer la atención de los efectos económicos y políticos de esta recesión. Sin embargo, incluso esto resulta dudoso, especialmente en Europa y Japón. En EEUU, puede darse un elemento de lo que Gran Bretaña experimentó durante el conflicto de las Malvinas donde, a pesar de la situación económica devastadora en Gran Bretaña durante esa época, Thatcher logró ganar una amplia victoria electoral basándose en la oleada patriótica tras la victoria en la guerra.

¿Victoria militar?

Todo esto depende de si el imperialismo norteamericano logra establecer una 'victoria' militar. Las incursiones militares internacionales, incluso si son cuidadosamente calibradas, sólo agravarán los problemas en Oriente Medio y, especialmente, en Israel/Palestina que continúa siendo un polvorín. Bajo estos acontecimientos, la clase dominante israelí ha ocupado temporalmente dos ciudades palestinas, para retirarse posteriormente. Sharon ha anunciado la intención de establecer una zona tapón entre la franja occidental, Gaza e Israel mismo. Este conflicto se complicó aún más por la implicación, por vez primera en la historia, de un árabe israelí en un atentado suicida con bomba, lo que ha acentuado el conflicto dentro de Israel mismo. También ha reforzado la tendencia de un sector de la clase dominante israelí a contemplar el escenario catastrófico de una repartición de la zona, lo que implicaría la expulsión del millón de árabes israelíes, la consolidación de los asentamientos israelíes ya existentes en la Franja Occidental dentro de Israel y la creación de un cordón sanitario alrededor de Israel. La exclusión de todos los palestinos de Israel agravaría enormemente los problemas económicos y sociales de la Franja Occidental y de Gaza y constituiría una fuente inagotable de terrorismo sanguinario que América y el resto del mundo capitalista sufriría de nuevo. Esta llaga purulenta sería la garantía de nuevas oleadas terroristas que incluiría a EEUU y contra-medidas etc.

Por lo tanto, independientemente del camino escogido por el capitalismo norteamericano y mundial, no van a encontrar solución a sus problemas. Temporalmente, los problemas sociales y de clase pueden verse relegados a un segundo plano debido a estos acontecimientos. Pero debemos enfatizar que habrá una minoría, aunque será una minoría significativa, que buscará explicaciones y que abrazará con anhelo el análisis y programa planteados por nosotros.

Este período constituirá una prueba de fuego para nuestra organización norteamericana y para el CIT en su conjunto. Pero no podemos salirnos de nuestro curso. Debemos permanecer firmes para afrontar lo que podría ser otra oleada feroz de guerra ideológica burguesa destinada a calificar a todo el que se oponga a su sistema como 'terrorista'. Sin embargo, la correlación de fuerzas entre las clases no va a verse fundamentalmente alterada por estos acontecimientos. La situación económica y sus repercusiones políticas acabarán por sentirse en el plano político. El CIT ha establecido puntos muy importantes de apoyo y puede crecer sustancialmente, especialmente a medio y largo plazo, si ideológicamente nos ponemos a la altura de esta situación nueva.

Se trata de un punto de inflexión muy importante en la historia de Estados Unidos y mundial. Como afrontemos esta situación es una prueba importante para los socialistas y los miembros y partidarios del CIT.

Secretariado Internacional del CIT, 14 de septiembre de 2001.